Aula de psicodrama

Aula de psicodrama

jueves, 6 de marzo de 2014

AUTORRETRATO




Por Paqui Alcaraz Candela. Psicodramatica. Trabajadora social.

En la última sesión de cineforum, ya comenté acerca de la película “La Clase” de Laurent Cantet.
Es de esas películas que quedan en el recuerdo, en una carpeta de aprendizaje; aquel día en el cine ya intuí que la iba a compartir en algún espacio. Creo que este film tiene una gran riqueza, nos aproxima al sistema de relación profesor-alumno, sistema equipo docente, sistema normativo institucional y el encuentro entre culturas.

En este caso, he seleccionado algunos minutos del film que centran el interés en la relación profesor-alumno y el reconocimiento del potencial creativo del pupilo, señalando la belleza, la capacidad, el reconocimiento del grupo… y  lo aprendido, no se puede separar de quien lo enseña;  el método, no puede desligarse de la persona del profesor; cada profesor tiene un paradigma distinto respecto de la forma de transmisión del conocimiento.  

En todo alumno existe una sensación de algo que carece. Esta sensación puede posicionarle en una situación de desventaja frente a sus compañeros. Si el conocimiento es igualado inconscientemente por el poder, el tenerlo es tener algo que a otros les falta, por tanto, tener algo que se desea y se envidia. Por otro lado, la forma de introyectar ese conocimiento, es reconocer la sabiduría del profesor, pero también su falta, además de, reconocer la capacidad de transmitir la información a través de su forma de enseñanza.

En un proceso positivo de enseñanza-aprendizaje, el alumno acaba reconociendo la sabiduría del maestro y confía en que puede aprender. Aceptación del posicionamiento de ambos e identificación con el proceso de enseñanza.

Como si de nuestro debate posterior a las sesiones de cine en el Aula, podemos dejar aquí plasmadas nuestras aportaciones: refexiones, comentarios… relacionados con este simbólico AUTORRETRATO.




sábado, 1 de marzo de 2014

Speculum cabalga de nuevo.

Carlos García Requena

Director de Speculum.

 

Como dijo el poeta, Caminante son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino se hace camino al andar. Golpe a golpe, verso a verso palabra a palabra, diría yo, pues ya hace cuatro números que Speculum empezó a rodar y, desde entonces, un sinfín de experiencias han recorrido paralelas a éste devenir. Palabras enhebradas, discursos vivos y plurales se han cruzado en éste camino que paso a paso hemos ido recorriendo.  

En el presente número recojo, junto con mis compañeros Sibi Domínguez, Paqui Alcaraz, Pilar Vivo y Alberto Colomer, el testigo dejado por Enrique Cortés para continuar con esta labor de transmisión que ocupa nuestro deseo, una labor de la que, en cualquier caso, él sigue formando parte como trabajador incansable a la sombra. Somos ahora nosotros, pero antes han sido otros los que han participado en distintas partes del proceso. A todos os doy las gracias.

A mis compañeros, por las largas sesiones de trabajo y las horas de sueño robadas para dar forma a nuestra creación. Hemos trabajado mucho, pero la sonrisa que se dibuja en vuestras caras cada vez que sacamos un nuevo ejemplar al mundo hace que merezca la pena.

A nuestros colaboradores y articulistas, por regalarnos el fruto de su experiencia. Porque transmitir lo que en algún momento fue recibido, es sin duda un acto de generosidad y de amor que supone compartir y hacer de todos aquello que se conoce.  Vuestra contribución, como una huella en nuestro. espejo, es imprescindible para que podamos seguir haciendo llegar miradas diferentes a aquellos que buscan en nuestras páginas.

Gracias también a ti, estimado lector, por asomarte a Speculum y contribuir a la expansión de un espacio que ha sido concebido desde el principio como un crisol donde diferentes discursos relativos a lo grupal en general y al psicodrama en particular, puedan convivir; un lugar donde aquellos que dirigen la mirada al sujeto desde lo colectivo puedan encontrarse y hacer eco de una experiencia compartida. En eso estamos.

El número 4 de Speculum, que en realidad es el 5º, tuvo aires corporales cuando fue concebido, pero como ya sabemos que el grupo selecciona unas propuestas y desecha otras, nos hemos rendido a una evidencia clara: que nuestros colaboradores querían hablar de otras cosas. Así que éste número está salpicado con aires de diversas temáticas que se despliegan desde la teoría a la clínica, como eco o reflexión aledaña al tema de lo grupal. Es un número, de nuevo, muy experiencial, donde cada cual nos cuenta su forma de concebir y trabajar con grupos, así como sus reflexiones y estudios. Lo corporal está presente, pero quedará para otro momento el hacer de Speculum cuerpo. Queda prometido y pendiente.

Más allá de admitir que mi deseo inicial quedó frustrado, tengo que pasar a reconocer que el resultante del impulso colectivo me gusta, y mucho. Y lo hace porque, en conjunto, expresa con fuerza cómo la agrupación es una de las salidas al malestar que aqueja al sujeto, porque propone el grupo y el juego como elementos necesarios para poder mover los órdenes establecidos y generar nuevas formas de entender que sirvan para iluminar en la medida de lo posible la oscuridad de estos tiempos aciagos donde el sujeto marchita en soledad.

Sin más dilación, paso a presentarlo:

Como siempre, la sección de antecedentes abre las puertas de Speculum. En ésta ocasión lo hace de la mano de Sibi Domínguezquien nos acerca a la figura de W. R. Bion como uno de los referentes que contribuyeron a dotar los fenómenos grupales de una teoría basada en los conceptos psicoanalíticos elaborados por S. Freud y M. Klein. Es sin duda, una enriquecedora síntesis de conceptos que han servido de forma inestimable a la concepción de los grupos.

Desde el otro lado del charco, los ensayos colombianos abren la sección de teoría recogiendo un total de 5 artículos donde diferentes autores dan cuenta de aspectos relacionados con la práctica y la teórica psicodramáticaCamilo Arias encabeza la serie con su trabajo sobre la identificación en psicodrama y sobre cómo, en el “entre” grupal se produce un entre-cruzamiento de pedazos de subjetividad de cada cual que terminan por crear algo novedoso que va más allá del lo individual; algo de lo que, finalmente, se pueden servir todos.  Andrés Herrera bucea en los caminos paralelos del psicoanálisis y del psicodrama, caminos que se entretejen enriqueciéndose al precio de múltiples controversias. Pese a las reticencias de ciertos ámbitos psicoanalíticos ortodoxos que no terminan de reconocer al psicodrama (freudiano o psicoanalítico) dentro de las corrientes psicoanalíticasAndrés nos cuenta por qué ambos enfoques pueden ser complementarios pues suponen dos formas diferentes de acceso a la subjetividad. Cabe pues ir definiendo un campo teórico psicodramático de corte psicoanalítico que guíe la práctica y contemple como ejes formativos la experiencia propia, el aprendizaje de conceptos y la supervisión. Claudia Helena, concibe el proceso de formaciónpsicodramática como algo en gestación, siempre inacabado, donde más allá del saber que petrifica, un Psicodramatista debe estar abierto a lo sorpresivo que emerge constantemente como un saber inéditoDesde ahí, nos cuenta cómo, a partir de experiencias en la coordinación de grupos, tanto en España como en Colombia, y de la mano de su propio análisis, se hace preguntas sobre sí misma y sobre cómo situarse en el lugar de coordinador de grupos. Preguntas que si bien se abren desde el lugar de “supuesto saber” que del animador, terminan irremediablemente por implicarla sí misma: ¿qué lugar ocupo?

Sandra Milena nos cuenta también retales de su experiencia entretejidos en torno al acto psicodramático donde la palabra y la acción vienen a simbolizar pasajes imaginarios. En psicodramaal igual que en la creación literaria, se establece la posibilidad de materializar lo que es interno y a veces desconocido. Se trata por tanto de un acto de creación en el que el sujeto se contempla a sí mismo. Termina su escrito como en realidad empezó su idea, contándonos la historia de un personaje que renunció a mirarse en el espejo. Un sujeto cuya identidad queda suspendida y dependiente del reflejo que encuentra en el otro.

Cuando uno se encuentra en un momento de concluir, todo se precipita a la conclusión “. Así comienza Felipe Acosta un escrito que versa sobre las condiciones necesarias para que se pueda darel momento en que el sujeto concluye y precipita un acto. Un momento siempre incierto pues ningún resultado se sabe ni queda garantizado hasta que sucede. Mientras tanto, es la mirada es un primer tiempo que pone en marcha el proceso, que guía al sujeto a la hora de obtener información que le sirva para comprender y finalmente desemboque en el momento del cambio, del acto, de aquello que tiene por finalidad la conclusión de un ciclo de repetición.

Beatriz Martínez, Elisa Buendía y Enrique Cortés nos presentan en Speculum su participación en el Congreso Internacional de Intervención Psicosocial, Arte Social y Arte-terapia que se llevó a cabo en Archena (2012) bajo el título “De la creatividad al vínculo social”. En ella plantean cómo la matriz creadora se construye en los juegos de infancia y en la frondosa producción imaginativa del adolescente. Entonces, ¿por qué dejamos de jugar? Una pregunta que conecta en seguida con el malestar de la cultura.

Tras destacar cómo lo grupal (la agrupación) es una de las alternativas a ese malestar y hacernos la pregunta de ¿por qué trabajar en grupo?, los autores nos plantean cómo los principios del psicodrama podrían servir para crear un nuevo orden social. ¿Qué pasaría si pudiésemos dar voz a las pulsiones reprimidas que originan el impulso destructivo? ¿Cómo podría transformarse ese impulso en otro tipo de fuerza que estuviese orientada a construir otro tipo de orden?

Hay preguntas que no pueden responderse en solitario, hay respuestas que no pueden alcanzar el estatus de voz cuando sus sonidos están disgregados. L´union fait la force, o dicho de otra manera, la agrupación trasciende las posibilidades del sujeto.

En éste mismo sentido de cómo la colectividad permite alcanzar otros registrosSergé Gaude noshabla del efecto de apertura de la escena privada al espacio público, un movimiento donde lo secretocambia de estatus y puede ser revelado. Si en el psicodrama el yo auxiliar será el otro de la escena, el público cumplirá función de tercero en la relación. Al representar, lo propio produce resonancia en la colectividad que asiste y participa en la presentificación de la escena y gracias a ello, que el sujeto puede conocer de sí otras versiones. Se trata entonces de un intercambio entre lo interno y lo externo,entre lo privado y lo público, tal y como Serge titula su escrito. Un intercambio donde las estructuras cristalizadas pueden quedar jaqueadas por los reflejos colectivos.

En éste número, yo mismo he decidido hablar del fenómeno de la transferencia y de cómo se despliega de diferente manera en los encuadres grupal e individual. Desfiladeros de lo imposible habla de un amor caducado que busca ser reeditado constantemente en la relación con el otro, repitiendo una y otra vez la misma intención de restañar lo fracasado. Partiendo del concepto en sí, iremos desgranando algunos mitos y arribando poco a poco a cómo se juega, concretamente en psicodrama, el desplegamiento de lo transferencial.

Como comienzo de la sección clínicaEnrique Cortés nos habla del cuerpo. Un cuerpo que se construye, pues no se nace con él. El cuerpo-carne (lo biológico) nos es dado, pero el yo corporal se va construyendo a medida que la historia del sujeto lo va envolviendo de imágenes de significados. El cuerpo está habitado por personajes, por discursos provenientes del otro que se han quedado pegados como parte de la identidad; pero al mismo tiempo alienan al sujeto. Tras un recorrido por el desarrollo de esa construcción donde lo biológico es subjetivado, Enrique nos habla del valor que tiene lo corporal en el encuadre terapéutico y cómo es posible desplegarlo. Los destinos del cuerpo no son anecdóticos, por eso depende de nuestra capacidad y calidad de escucha poder revertir algunos de sus designiosNos habla también del síntoma como el goce encapsulado, de manera que gracias al trabajo psicoterapéutico (en nuestro caso psicodramático), ese goce encapsulado se puede llegar a la palabra, quedando desplazado del campo de lo perdido, al campo de lo posible: el deseo.

También del cuerpo y su imagen nos habla Elina Matoso, quien se vale precisamente del trabajo con máscaras como dispositivo de interrogación sobre la identidad. La máscara permite el desplegamiento de lo silenciado, ofrece la posibilidad de atravesar la dualidad, la ambigüedad, la pérdida de la unidad de sentido y el desenmascaramiento de certezas que sólo vienen al lugar del engaño. Elina se plantea preguntas que a lo largo de años de trabajo ha ido tratando de responderse: ¿es posible vivir sin máscaras?, ¿es el cuerpo un territorio que está poblado de ellas?, ¿hay una máscara grupal?

Todos sabemos que existe también una “palabra máscara”, una palabra vacía que más que a desvelar, está destinada a velar la verdad o a esquivarla. Con un aporte fresco y humorísticoAlberto Colomernos lleva a la cuestión de cómo, a través del psicodrama ha podido comprender ciertos conceptos psicoanalíticos. Uno de los míos es, en cierta manera una demanda, un llamamiento donde se invita a los sesudos psicoanalistas a que dejen el discurso endogámico para ofrecer al mundo una versión más accesible y menos contradictoria donde los ejemplos sustituyan a los giros onanistas de la palabra. “Los psicoanalistas no escriben, sueñan. Si el sueño tiene que ver con la realización de un deseo insatisfecho,… los psicoanalistas tienen multitud de deseos insatisfechos que se empeñan en sublimar una y otra vez a través de sus escritos”.

Como el sueño, el inconsciente no tiene tiempo. Está suspendido y se pliega. Ana Guardiola nos regala una reflexión sobre el tiempo en el psicodrama, donde experiencias pasadas y presentes se entrecruzan en el vértice del afecto. Nos habla de cómo en la sesión psicodramática, el tiempo corre de otra manera y el encuadre grupal precipita los momentos para ver, comprender y resolver, adquiriendo otro ritmo. Un ritmo lógico, que no cronológico.

Y sin embargo, aunque sea relativo, el tiempo no deja de pasar… y lo ausente crea el recuerdo…recuerdos…

Carta para Aliou es uno de esos que te hacen sentir bien. Es un guiño que viene a recordarnos cómo la intervención social puede realizarse desde enfoques creativos y flexibles, cómo a partir de un elemento común puede crearse una matriz grupal que sirva a los sujetos para elaborar sus propias experiencias. Paqui Alcaraz escribe a Aliou y en sus letras revive por un momento las huellas de una experiencia compartida que quedó en el corazón de todos. Una experiencia de integración en la que jóvenes inmigrantes pudieron hacer un alto en su camino para poder despedirse de aquello que dejaban atrás. La carta es en realidad la muestra de un viaje, algunas veces de ida y vuelta, pero como todos sabemos, tras los viajes, uno nunca vuelve de la misma manera ni al mismo lugar.  

También Elisa Buendía nos habla de su experiencia grupal y nos cuenta cómo la palabra puede realizar aperturas allí donde el fármaco coagula y anula al síntoma. “La palabra como medicina” nos cuenta la experiencia con un grupo de mujeres híper-frecuentadoras de servicios de salud mental donde pudo comprobarse cómo la palabra tiene un efecto sobre el sujeto. Pero como ella misma señala, “para poder hablar, tiene que haber otro que escuche”. Felicito a Elisa por el atrevimiento a plantear un discurso alternativo, por la motivación necesaria para llevarlo a cabo y el deseo de sentarse a escuchar. La animo desde aquí a seguir creando espacios donde personas se puedan encontrar con personas, espacios donde la palabra y la escucha sirvan para tejer lazos entre personas. Porque el vínculo es lo curativo (“Never walk alone”).

Y hablando de escucha… Teresa Hermida nos hace una lectura entre líneas del discurso de poeta Caballero Roldán, desdoblando el sentido de las palabras y acercándolas a su experiencia con el psicodrama freudiano. Lo que ella escribe como fruto de una fantasía es un ejemplo de cómo la escucha puede llevarnos a sentidos diversos. “La palabra es un antídoto contra los desahucios de la razónEn cualquier caso, una hermosa fantasía que abre la sección de ecos.

En psicodrama, los ecos suceden a la representación. Se trata del momento en que el efecto resonante se propaga y los inconscientes vibran dejando a su paso nuevos significantes.

También se produce eco cuando lo comprendido tiene el poder de ser exportado a otras situaciones cotidianas. Cuando lo vivido como cambio interno puede desplegarse externamente produciendo nuevos ordenes. Es precisamente eso lo que se pone en juego en el siguiente artículo.

La experiencia con grupos de humanos que nos regala Paqui García es el curso de dos ríos paralelos que se entrecruzan en la danza amorosa de la transformación. Un torrente que se despliega a partir de las preguntas generadas por el juego psicodramático; preguntas que vienen a evitar que la puerta se cierre de nuevo y suspenden a Paqui en la pista de las armonías tramposas: ¿Para qué me empeño en seguir aquí?  Ese giro en la mirada, hacia sí misma, le permite responder a la pregunta en torno a su deseo: el deseo de ocupar el lugar del coordinador. Y desde ahí comienza la aventura de ¿cómo ocupar ese lugar? Vivirlo bien implica un reencuentro con la falta. Hasta aquí puedo leer…

Alrededores es un espacio que abre Cesar Cerón al hablar de la fotografía como herramienta terapéutica. Como él mismo dice, Una fotografía es una evidencia de que algo existió. Un instante en suspenso… un mensaje del inconsciente”. La fotografía hace visibles aquellos aspectos que los sujetos no podemos ver de ordinario. Aunque en realidad se trate de un objeto mudo, cuando observamos una imagen, le asignamos un significado subjetivo por efecto de resonancia, completando la información que falta con la propia. En esa capacidad que la imagen ofrece como receptáculo de la subjetividad proyectada del sujeto es donde la fototerapia se edifica como un medio de comunicación, expresión y reflexión que conecta bidireccionalmente lo interno y lo externo del sujeto.  

No quiero dejar de mencionar que gracias a Pilar Vivo, Edgar Mendoza y Mikel Muñoz Gotxon, nuestra revista cobra vida en imágenes. Y lo hace de una manera bella, con ese sello que tienen los grandes artistas para captar la esencia de las cosas. Las obras que salpican las páginas de Speculum son un regalo para nosotros porque conocemos quienes las construyeron, porque sabemos qué valor tienen. Es por eso que desde aquí, animamos a nuestros lectores a acercarse a éstos autores para descubrir sus creaciones. Edgar, Pilar, Mikel… esperamos seguir contando con vuestrascolaboraciones durante mucho tiempo. Muchas gracias.

Como siempre, cerramos el número con reseñas de interesantes libros, con un recordatorio de los eventos futuros relacionados con el psicodrama y los grupos, y con un índice temático que nos servirá para movernos con más soltura dentro de la obra.

Querido lector, sin otro particular que abrirte las puertas de éste nuevo número de Speculum, sólo me queda desearte una grata lectura: ¡Bon appétit!

Carlos García Requena.

lunes, 17 de febrero de 2014

Con muy mal ARTE y poca TERAPIA

Por Enrique Cortes. Psicodramatista. Psicoanalista. 


La Envidia (el peor de los pecados)

 

“…la del niño que no habla todavía, mirando a su hermano colgado del seno de su madre, mirándole”.J.Lacan; Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis

Quien tiene envidia pone gran trabajo en impedir que se manifieste, cosa que trae consigo grandes molestias corporales…” Castilla del Pino; Teoría de los sentimientos

“Y de todos los vicios, ninguno ataca tanto la felicidad de los hombres, porque no satisfechos de afligirse a sí mismos, los envidiosos perturban el placer de los otros” Descartes; Las pasiones del alma.

                                                         

Desde Freud, la envidia es básicamente la envidia de pene y como tal organizador de la sexualidad femenina, en el contexto del Complejo de castración y del Complejo de Edipo. En Lacan, en cambio, la envidia de pene la refiere al estatuto imaginario, La envidia quedará referida a la agresividad constituyente.

Seguiré la línea de la identificación y el narcisismo.

Un tipo va por ahí, viviendo y tratando de ser, no obstante es que la envidia es un padecimiento del ser, y de pronto ¡zas!: ve a la envidia. Es decir ve fuera de , algo en el otro deseable; algo que no debería estar allí, en el otro. Entonces cuestiona su valía, su ser en el mundo.

Rápidamente hace un cálculo de destrucción del otro por el que se siente desposeído. A él le corresponden los derechos, todos, y desde luego no se ajusta a la ley.

“Allí donde el otro está, yo debería estar, teniendo lo que el otro tiene…”

Ya Freud va a vincular el narcisismo con la envidia, renuncia que la socialización hace inevitable; pero también sabemos por Freud que la líbido no termina por abandonar nunca ese lugar de satisfacción y que el reducto de omnipotencia seguirá allí, más o menos reprimido.

El obstáculo es que en tanto que la envidia es difícil de esconder, el narcisismo camina siempre en riesgo de ser atravesado por la vergüenza del no ocultamiento, y además es un pecado bastante rechazado y detestable. De otros pecados, incluso uno puede jactarse; por ejemplo de los celos por amar en exceso, pero de la envidia no.

Aristóteles, en la Retórica, platea las condiciones para ser envidiado: “Se sentirá envidia de quienes son nuestros iguales o así aparecen…”

Si volvemos  a Freud, él va a plantearlo en términos de amor; Freud plantea las condiciones para amar, los requisitos que hacen que el objeto amoroso sea elegido si y solo si los reúne.

Entonces de igual manera que no se ama a cualquiera, tampoco se envidia a cualquiera.

Así pues Narcisismo e Identificación, intentan emparejarse; pero ser como el otro no es ser el otro; por mucho que se empeñe; ¿la salida es pues destruirlo?

¿Cuál sería la salida más allá del asesinato del otro?

Freud es tajante; o los síntomas o la vía de la sublimación. La sublimación, la creación, podría ser una buena vía pacificadora y de aminoración agresiva (para este tema lesrecomiendo la respuesta de Freud a Einstein sobre el porqué de la guerra). Nosotros sabemos que esta sociedad nos lleva a usar la envidia como instrumento de producción; que estamos inmersos en un mercado productor de envidia, que nos empuja a producir sin frenos.

Tan solo volver a recordar a Freud, cuando en el malestar de la cultura dice “… el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infringirle dolores, martirizarlo y asesinarlo”

 

Termino con una fábula de Oscar Wilde, en donde se habla de la envidia: el diablo encarga a sus demonios que hagan caer en la tentación de la envidia a un ermitaño, del cual se decía que era muy santo. Estos lo intentan con hermosas mujeres, con los más refinados manjares, con cuantiosas fortunas etc… pero el santo hombre no se aparta de sus devociones.

El diablo enfadado toma las riendas y dirigiéndose al ermitaño, le digo al oído: “tu hermano ha sido nombrado obispo de Alejandría”. De inmediato una mueca furiosa de envidia asomó en su rostro.

¿Qué salida nos queda a los que padecemos las envidias de los otros; aquellos que van caminando con mala ARTE y poca TERAPIA? Sigamos nuestro camino y alejémonos; creemos y construyamos allí donde se nos permite, allí donde la tierra es fértil y no olvidemos que en un principio fuimos nómadas; así siempre estaremos preparados parareiniciar la marcha.

domingo, 26 de enero de 2014

Yo tengo razón, tu estas equivocado.

Por Enrique Cortes. Psicoanalista. Psicodramatista.

 

El título de este artículo lo saqué de otro que leí en el País Semanal este fin de semana; por lo tanto es copiado.

El auténtico, empezaba diciendo que la mayoría de nosotros creemos que podemos cambiar lo que los demás piensan y que es por esta razón que nos pasamos demasiado tiempo en la vida dándole vueltas a “qué opinan los demás de nosotros”.

Es decir, que nos empeñamos en decir que los demás deberían pensar de diferente manera y que esta es una de las causas de que la humanidad ande siempre a la gresca.

Y esto para qué, sencilla y llanamente para no cuestionarnos a nosotros mismos y eso que imponer nuestras razones en demasiadas ocasiones nos cuesta caro.

Desde nuestro nacimiento hemos ido acumulando opiniones, creencias... que pasan a conformar nuestra identidad y en tanto que alguien nos la cuestiona es que lo sentimos como un ataque hacia nosotros mismos.

El artículo, original, decía que no era sensato confundir lo que pensamos con lo que somos.

“Tener opiniones es normal, también tener gustos y preferencias… pero que estas ideas y predilecciones le tengan a uno cautivo o secuestrado es una trampa”.

La pregunta a cómo liberarse del apego a las creencias, no es el problema real, sino la identificación.

A mi modo de ver una buena razón para empezar un análisis es cundo uno se siente amenazado en su identidad; ya que uno suele pensar que el análisis lereforzará en sus identificaciones. Pero en realidad pasa casi lo contrario. Cuando el sujeto se pasa mucho tiempo contando su historia y en revisar su pasado, ello le lleva a verse de otro modo y por lo tanto a analizar sus identificaciones.

Y es que la imagen que uno tiene de sí mismo es ante todo un señuelo que le pone al abrigo de su ser íntimo.

Lo que le acarrea por un lado, que sus pensamientos más íntimos sean descubiertos y por el otro, que los demás no le reconozcan como un semejante, un igual.

Este señuelo, que digámos es imprescindible, se construye atendiendo a dos ejes: uno imaginario y otro simbólico.

En el eje imaginario, el yo se mira y se toma, a si mismo, por la imagen del semejante, del otro.

En el eje simbólico, el sujeto recibe las marcas del reconocimiento del Otro bajo la forma de un significante ideal al que él tiene que conformarse para ser amado.

Es decir, necesitamos, en un principio identificarnos no solo a una imagen sino también a un significante

POR LO TANTO: la identidad del sujeto procede del otro, del otro imaginario y del Otro simbólico. Con esa identidad, el individuo se siente ser alguien.

Pero como decía, no está nada mal que uno vaya perdiendo sus marcas, que se vaya particularizando; aunque demasiadas veces se paga el precio del rechazo social.

Como dice Lacan en su seminario “la identificación”, hay que diferenciar la unidad que unifica de la unidad que diferencia; dicho de otro modo, el rasgoidentificatorio (rasgo unario) es algo que particulariza y no solamente algo que agrupa.

Si bien hablaba de un buen comienzo para analizarse, podemos decir que el final del análisis se caracteriza por un cierto reconocimiento de  mismo, donde el analizante deja de pelear por el reconocimiento de sus pequeñas diferencias; pero no nos engañemos si bien en un principio, pongamos por ejemplo a la entrada en la guardería, hay angustia y no solo de separación sino de sentir la perdida de ser el único ahí donde sus marcas no valen; luego en la etapa adulta y por mucho que escuchemos gritar: “viva las diferencias”; hay un resorte que nos empuja a volver de nuevo precisamente a ese punto de lo idéntico.

Yo propongo dos salidas que deben ir juntas; por un lado ir descifrando las identificaciones, que el sujeto vaya viendo cual es el peso de ellas en su historia particular y la otra es escuchar y aceptar las ideas del los  otros (aceptarlas no significa adoptarlas ni validarlas).

 

miércoles, 15 de enero de 2014

La posición del hijo.

Por Alfonsi Huete. Psicóloga formada en gestalt. Psicoanalista y psicodramatista.

 

Ficha técnica:

Año 2013

Duración: 112 minutos

País: Rumanía

Director: Calim Peter Netzer

Curioso título que nos recuerda la ausencia de una posición propia. El triangulo edípico está aquí totalmente invadido por el deseo de la madre. Esta madre, que al no querer saberse,-sentirse en falta, seguirá dirigiéndose hacia el hijo, en aras de una satisfacción imposible de colmar, en tanto que estructural.

“Postura” se me aparece aquí como una mala imitación de la necesidad profunda de ese hijo de tener una “posición” propia en el triángulo edípico; una posición autónoma, que acepte la castración de no ser “el deseo de mamá”; para lograrlo es inevitable aceptar un duelo, solo así podrá pasarse de este lugar gozoso para el inconsciente y axfisiante para la vida adulta, a una aceptación de los propios límites y los ajenos, una aceptación de la Ley.

Esta película nos ofrece la posibilidad de observar, sentir, los principales elementos de ese pasaje tan fundamental para la estructura psíquica como es el Complejo de Edipo.Ciertamente que para ver esto necesitamos haber incorporado un esquema conceptual  que acaba proporcionándonos la capacidad de transcribir, traducir, lo sentido en palabras, esto es, simbolizarlo.

Como muestra de que distintas lecturas convocan distintas conclusiones, transcribo aquí una sinopsis encontrada en internet.www.sensacine.com/peliculas/pelicula216838, extraído el 15/01/2014:

 La relación entre Cornelia Keneres de 61 años y su hijo Barbu de 32, no es buena. Barbu odia el círculo social de sus padres, un grupo de políticos, hombres de negocios turbios y ex oficiales de la policía secreta. Cornelia tiene razones suficientes para estar molesta: su hijo, a quién ella había invertido su amor,paciencia y espera, ahora puede ver como su separación ha crecido irremediablemente".

Un acontecimiento inesperado, está volviendo todo al revés; Barbu está involucrado en un accidente de coche, y mata a un niño de trece años. Cornelia utiliza todos los medios que tiene a su alcance para salvaguardar a su hijo de la acusación por homicidio, pero Barbu proclama su independencia ingratamente acusando a su madre de que sus esfuerzos están haciendo más mal que bien. Pronto, se da cuenta de que no puede arreglárselas sin la ayuda de su madre. 

Sorprendentemente, Cornelia no logra convencer al único testigo que existe para que cambie su testimonio. Cara a cara con los padres de la víctima, Cornelia no puede llevar a cabo de forma explícita algo tan abstracto como la retirada de su denuncia.
Todo lo que ella puede hacer, con amor maternal y reverberaciones emocionales, es alabar con sinceridad y sin condiciones a Barbu, certificando que su hijo es ahora un niño bueno y que merece otra oportunidad en la vida.

La película es un proyecto de "clase alta" por hablar del tráfico de influencias y de la corrupción en algunas instituciones básicas de la sociedad y sus extensiones a todo el sistema socioeconómico de la Rumanía de hoy.
Se habla con emoción y con humor acerca de la relación tan asfixiante que existe entre una madre y su hijo adulto que es bastante dominador con ella.

 

Me parece que esta comprensión con los “amorosos y comprensibles sentimientos maternos” está, en nuestros días, un tanto desquiciada, esto es, fuera de quicio, sin marco…o quizá sea que el marco en que se enmarca esta afirmación a mí me hace temblar.

Si existe un modelo psíquico detrás de esta afirmación, así como de la enorme idealización de los sentimientos amorosos maternos, yo no conozco otro que el mito cristiano de la” virginidad y divinidad de María y su hijo, Jesucristo.

Un modelo de análisis de la psique que solo tenga en cuenta el amor materno hacia el hijo, sin incluir a un tercer elemento en el contexto, acaba por hacer desaparecer al hijo mismo, incluso diría, a la mujer que da soporte a la madre, devorados todos por el deseo insaciable, insatisfecho de esa función materna.

Otro asunto es quien es la persona responsable de que esta pulsión “amorosa” no tenga límites: ¿la madre?, ¿el hijo?, ¿el padre?

Ciertamente no tengo respuestas para esta pregunta fundamental, excepto la de proclamar que aquel que sufra de esta triada y empiece a preguntarse tiene la potencialidad de encontrar, si no respuestas, otras posiciones para que circule algún deseo más que el aplastante “amor de madre”. Deseos pequeños, cotidianos, propios en cualquier caso, que nos hacen madurar porque inevitablemente al jugarnos nuestro deseo en vez de quedarnos atrapados en el goce de ser el deseo del Otro, nos enfrentaremos a los límites de la realidad, único aprendizaje que nos servirá para encontrarnos con nosotros y con los iguales.

El hijo, ese que no encuentra su posición autónoma, queda reducido a una “postura” o “figura”, a un objeto para la madre. Incapaz de tomar las riendas de su propia vida, solo tiene energía para separarse físicamente del hogar familiar sin encontrar dentro de sí permiso para crear nada más allá de sí mismo, el objeto deseado y perseguido por mamá.

Uno no deja de preguntarse mientras ve la película, ¿dónde está- y estuvo- el padre?

El horror ante la situación que presenta la película, es el lugar desde donde se deja atrapar de nuevo el hijo, por esa madre de la que  cree estar alejándose, sin conciencia de que no hay solución sin un acto de salvación propio que resitúe su propio deseo en el centro de su vida.

El sentirse víctima, a pesar de que en algún momento fue una verdad, será una vuelta más del goce que implica esta “Postura del hijo”, abriendo y reabriendo continuamente las mismas heridas.

Quizá se vislumbra una salida cuando, con enormes dificultad, decide acercarse a ese padre dolorido por la pérdida de su hijo que no se dejará chantajear por la madre del responsable del accidente, pero sí se acerca al autor real del mismo.

Os invito a ver esta estupenda película y a hacer vuestra propia lectura

miércoles, 1 de enero de 2014

Familia y adopción.

Por  Enrique Cortes. Psicoanalista. Psicodramatista. Miembro del AUla de Psicodrama.

Hace ya algunos años tuve la suerte de presenciar una actuación de Lluis Llach; Lluis nos cantó para unas ochenta personas y luego, como no, unas copitas de charla.

En la actuación dijo que habían canciones que hacía tiempo no las cantaba, porque “no tocaba”; pero que visto lo visto estaba volviéndolas a cantar; corrían los años de la mayoría absoluta de Aznar y allí cantamos todos la gallineta.

Hace ya algunos años escribí un artículo, al que bauticé con el nombre de “Familia y adopción”.

Por aquel entonces leía que El Foro de la Familia aseguraba que los niños de parejas gays tenían más problemas psicológicos y sufrían más el fracaso escolar, amén de la relación que sacaban entre sexualidad, promiscuidad y suicidio.

Ayer mismo, leía en un periódico que el Obispo de Segorbe, Casimiro López, decía que el divorcio “express” y el matrimonio gay causan “el aumento de hijos con perturbaciones de su personalidad”

No me queda más remedio que despolvorear el artículo, al igual que Llac la gallineta.

¿Por qué no pensar que el sujeto homosexual, es un sujeto que forma parte de la sociedad y que por lo tanto tienen los mismos derechos, obligaciones y deberes que cualquier otro ciudadano?

Si pensamos que el modelo familiar integrado por una pareja heterosexual, ha dado origen a los psicópatas, los adictos, los violentos, los criminales, tanto niños como adolescentes. También a la homosexualidad, cuestionando la función paterna y materna de manera evidente. Tendremos que creer que no es un modelo sin fisuras ni mucho menos ideal.

¿Cuál es pues la garantía que nos otorga la pareja heterosexual? ¿No sería acaso saludable que nosotros, los heterosexuales nos cuestionáramos nuestra pretendida normalidad para criar hijos, echando una mirada sobre los resultados bastante pobres, de nuestra actuación como padres?

¿Qué tenemos a nuestro alrededor? padres abusadores, violadores, agresivos, violentos, alcohólicos y adictos, madres desafectivizadasabandónicas, agresivas, adictas y alcohólicas etc. De aquí podríamos sacar conclusiones en relación a la cuestión identificatoria. Yo, que soy un pobre aprendiz de diablo, se que a veces uno se identifica con su hermano, tío o demás sucedaneos...y gracias que lo puede hacer.

Estando así las cosas, pasemos al segundo punto, ¿Cómo se explica la adopción? Los niños dados en adopción son niños abandonados por sus padres o por sus madres en la mayoría de los casos; y todo esto ocurre en el seno de una familia heterosexual.

Las funciones paterna y materna no necesitan de los padres biológicos para ejercerse, cualquier sujeto puede hacer acto de esta función, solo hace falta amor, dedicación, protección y el ejercicio de la autoridad, para cuidar a un niño.

Así que yo concluyo que la adopción es un acto de amor, que repara el acto de desamor evidenciado por el abandono del niño. Los lazos de sangre suelen ser débiles entre las parejas heterosexuales, tanto que en el mundo occidental hay millones de niños abandonados, muchos de los cuales no carecen de familia, solo circulan, deambulan por las calles, trabajan o mendigan porque su familia no se ocupa de ellos.

        Ya que no nos sentimos completamente cómodos

con la idea de que los habitantes del pueblo vecino son

tan humanos como nosotros, es extremadamente presuntuoso

suponer que podemos mirar alguna vez a criaturas sociables que

derivan de otras formas de evolución y no verlas como bestias, sino

como hermanos; no rivales, sino compañeros peregrinos viajeros hacia

el altar de la inteligencia.

                                                       Demóstenes. Epístola a los Framlings

El poder de las palabras.

Por Elisa Buendía. miembro del Aula de Psicodrama.

Durante las fiestas navideñas, la familia suele reunirse y lo más común es que sea alrededor de una mesa. Si los miembros de ese conjunto no están mirando el reloj, apresurándose para escapar de tan arduo compromiso, entonces las sobremesas, suelen dar para mucho. Es en una de estas, donde recién desabrochado el botón del pantalón para poder seguir saboreando los deliciosos cordiales y polvorones de la señora Lola, alguien me llena la copa de burbujas que suben chisporroteando, varios teléfonos móviles vibran, tintinean, llamando la atención de sus amos, aunque, realmente parece al revés…se suscita una conversación acerca de si poner o no fotos personales en tu perfil de whatsapp. 
Unos defienden que por qué no, otros dan razones de las fotos que han elegido, otros comentan las de otras personas, están los que dicen que mejor poner algo más impersonal, pues a ese contenido accede todo aquel que tenga tu teléfono…opiniones como colores…hasta que mi cuñado dijo, mientras hablaba otra persona, en voz baja, como un comentario que se hace sin esperar que nadie te escuche... “es peligroso”, con sobriedad…era perceptible como casi todos los que estábamos en esa habitación, al menos al alcance de mi radio de visión, hicimos un movimiento con nuestra cabeza hacia él. Quien hablaba se cayó, y un portavoz espontáneo preguntó lo que pienso que rondaba en muchas cabezas.  ¿Peligroso? ¿por qué?, a lo que con cara de guasón, mi cuñado, que se divertía mirándonos mientras descorchaba otra botella, dijo:
- no, no creo que sea peligroso, pero habéis mirado todos. Es que algunas palabras tienen mucho poder y “peligroso” es una de ellas. Imagínate si digo “sexo”... o “sexo peligroso”. Las sonrisas descubrían algo en lo que se parecía estar de acuerdo. A mí me hacía pensar en ese poder que tienen algunas palabras, que no son solo palabras, pues como significantes nos remiten a otros significantes  que se transforman en imágenes impresas en nuestro interior, en nuestro inconsciente. Me preguntaba a dónde nos llevaría a cada uno de los que estábamos allí el significante “peligroso”, seguramente serían escenas muy diferentes; aunque existe algo común, porque esa palabra evoca un riesgo, una ocasión de que ocurra algún daño o mal. Desentierra un instinto tan antiguo como el ser humano, la supervivencia, el protegerse de lo que entraña peligro, preservar la vida…aunque también hay quién encuentra excitación en el polo opuesto…jugar con los límites. "Peligroso" es una palabra que llama la atención, como si alguien dijera en un tono exaltado "¡fuego!"; la imagen a la que nos podría remitir hace saltar la alarma corporal ante un supuesto peligro. 
Es también interesante observar cómo las palabras van unidas a quien las dice. Pueden provocar imágenes muy diferentes, dependiendo de cómo las dice, en qué tono y vibración. No es lo mismo si mi cuñado, un señor de una cultura ilustrada, dice que algo es peligroso, que si lo dijera mi sobrino de catorce años; aunque pienso que también dirigiría mi atención hacia él, pues un factor que me parece también observable es quien escucha, es decir, la resonancia que esa palabra o significante va a tener en una persona diferente a otra. Es obvio que la imagen que despertará en mí será diferente, si escucho “peligroso” de la boca de un niño pequeño, de un presentador de circo, de un adiestrador de perros, de un locutor de radio, de un médico. Aún manteniendo la palabra el mismo significado en todas las ocasiones, posee una polisemia en cuanto a significados emocionales. ¿Son las palabras, o es el recuerdo emocional incrustado más allá de la carne, lo que me hace despertar ante el sonido de unos fonemas? ¿los significantes adquieren mayor importancia dependiendo de la que le demos a su emisor? Cuántas veces recordamos la sensación corporal, como si de una imagen se tratara ante lo que nos dijo alguien en la infancia, aunque no recordemos con exactitud las palabras. Parece que hubiera significantes que hilvanan el tejido de nuestra historia, y significantes, que podrían entrelazar un tejido global ante los que casi todos, pues siempre habrá sus excepciones, giraríamos la cabeza penetrados por el sonido de unas palabras que aciertan en una diana. Como llevar la atención, girar la cabeza ante el tintineo del móvil, deseosos de encontrar nuevos significantes de algún otro.